Deja que la gente hable

Rodrigo Oyanedel

Hace un par de años, decidí comenzar un proyecto de investigación sobre una pesquería artesanal en Chile que tenía un problema de ilegalidad considerable. Joven e imprudente como era, fui en contra de las sugerencias de gente que me recomendaba que eligiera otro lugar donde trabajar.

Empecé a leer sobre la pesquería. Palabras como "guerra", "criminales" y "mafia" eran comunes en la prensa que cubría los esfuerzos del gobierno para “combatir” la pesca ilegal. Me preocupé un poco por que quizás los pescadores no se sentirían cómodos de hablar conmigo. Yo utilizo métodos de investigación social, como encuestas o cuestionarios. Si no podía hablar con los pescadores, sería una barrera importante para mi investigación.

Un par de años y mucho trabajo después, acabo de publicar los resultados de esta investigación con Stefan Gelcich y EJ Milner-Gulland en Conservation Letters (se puede descargar aquí). Nuestros resultados indican que si bien hay altos niveles de incumplimiento con una de las reglas de la pesquería (cuota de captura), los pescadores cumplían plenamente con otras reglas (como las restricciones temporales o de artes de pesca). Más interesante aún, los pescadores se habían organizado y promulgaron su propia regla para pescar solo tres días a la semana. Esta regla era completamente respetada.

Luego evaluamos qué motiva el cumplimiento. Primero, descubrimos que la participación de los pescadores en el establecimiento de reglas y, por lo tanto, la legitimidad de estas, determinaron cuales reglas cumplían y cuales no. En segundo lugar, encontramos que las normas personales y sociales determinaron el nivel de cumplimiento con la cuota (por cuánto los pescadores se pasaban de sus cuotas). Finalmente, nuestros resultados muestran que los pescadores con cuotas asignadas más bajas fueron los que menos cumplieron.

Foto por Rodrigo Oyanedel
           Foto por Rodrigo Oyanedel

Estos resultados nos dicen que hay mucho más en esta pesquería, y su problema de ilegalidad, de lo que aparece a simple vista. Además, la narrativa de “combate” que rodea la pesquería está fuera de lugar y, de hecho, puede terminar por socavar los esfuerzos para mejorar el cumplimiento. Permitir que los pescadores hablen, compartan sus motivaciones y expresen sus pensamientos nos permitió dividir el problema en diferentes componentes analíticos y proponer políticas de conservación dirigidas a cada uno de estos componentes. Solo escuchar nos ha ayudado a descubrir una realidad vibrante y heterogénea que no es capturada por simples generalizaciones.

Ahora, ¿cómo pasamos de la incertidumbre sobre la viabilidad de este proyecto a los resultados? Quiero compartir cuatro lecciones claves.

  1. Adaptar el vocabulario: invertir tiempo en aprender cómo referirse a los problemas que se quieren evaluar. Una narrativa mal elaborada puede cerrar las puertas de inmediato. Por ejemplo, evitar palabras específicas que puedan causar resentimiento.
  2. Tomarse el tiempo para escuchar: el trabajo de terreno generalmente requiere que produzcamos muchos resultados en un tiempo limitado, pero esto no puede ser un impedimento para tomarse el tiempo de escuchar lo que la gente tiene que decir.
  3. Ser abierto: es común recibir respuestas que no se ajusten a nuestras ideas preconcebidas de lo que se está estudiando. Eso es normal, hay que recibirlo y nunca ignorarlo, ese es el principal objetivo de hacer investigación.
  4. Devolver: la gente lo apreciará, incluso en pequeñas cosas. Por ejemplo, hace unos meses volví a terreno y organicé talleres para presentar los resultados de mi investigación. Estos fueron recibidos y reconocidos positivamente, porque les dio a los pescadores la oportunidad de participar en la discusión de los resultados de este proyecto de investigación.
           Foto por Rodrigo Oyanedel
 Foto por Rodrigo Oyanedel

El título de este blog puede sonar ingenuo y simplista; sin embargo, mi experiencia muestra que dejar que la gente hable y tener una mente abierta para escuchar el mensaje puede ser un desafío. Como científicos y profesionales de la conservación, tendemos a pensar que ya tenemos muchas de las respuestas. Leemos informes y papers con métodos y teorías elegantes, y nos cegan nuestras ideas preconcebidas. Sin embargo, en general, las respuestas a los problemas de conservación más importantes se encuentran en las personas que dependen e interactúan con la naturaleza a diario. Los esfuerzos que hacemos para educarnos y capacitarnos como científicos conservacionistas deben, también, prepararnos para comprender a la gente y luego comunicar nuestros resultados para informar otros contextos.

Saldremos a un mundo diferente después de la pandemia de Covid-19. Muchas cosas cambiarán y, con suerte, esto incluirá reequilibrar nuestra relación con la naturaleza. Sin embargo, si queremos reconstruir nuestra conexión con el mundo natural, debemos dejar que la gente hable. Que hablen los cazadores, pescadores y recolectores, sobretodo, por que ellos son los que interactúan con la naturaleza a diario. Puede sacudir nuestras ideas preconcebidas o modos de pensar, pero es la única forma de co-crear un futuro mejor. Las personas y la naturaleza están intrínsecamente vinculadas, y cerrar los oídos a las personas es cerrar los oídos a la naturaleza.

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